Laura Daniela Murillo
TIEMPO DE LECTURA: 20 minutos
RESUMEN: A partir de su experiencia y aprendizajes en Moneycon, profesores y egresados de Diseño responden tres preguntas esenciales sobre finanzas: el concepto básico que todos deberíamos aplicar, qué tener en cuenta al cobrar y cómo generar valor desde el diseño.
Moneycon se ha consolidado como uno de los festivales de finanzas más importantes de Colombia y Latinoamérica, a partir de una iniciativa creada por Mis Propias Finanzas para acercar a las personas a la educación financiera. Sus dos primeras ediciones (2025 y 2026) se realizaron en la Universidad de los Andes y reunieron una programación diversa: charlas con expertos, talleres aplicados, conversatorios y la participación de múltiples aliados del sector. En este espacio, distintos profesores y egresados del Departamento de Diseño han sido invitados para dictar charlas desde su experiencia y conocimiento. Ahora, luego de su paso por Moneycon como speakers y espectadores, algunos de ellos comparten en esta nota consejos de finanzas prácticos y útiles.

¿Cuál es el concepto financiero que todos deberíamos entender y aplicar?

SANTIAGO DE FRANCISO: Más que un concepto financiero, es entender la importancia del ahorro y el ahorro con propósito. Para nadie es un secreto que ahorrar es una tarea muy difícil; por lo tanto, es importante tener claras al menos tres cosas: para qué quiero ahorrar, por cuánto tiempo quiero o necesito ahorrar y cuánto dinero puedo ahorrar. En muchos casos, tener metas claras ayuda a visualizar el ahorro y calcular. Finalmente, el ahorro debe ser una decisión predeterminada y no reactiva; es decir, ahorrar de manera consciente, y no esperar a ahorrar lo que me sobre.

JULIANA GÓMEZ: Diría que es la planeación financiera de largo plazo, entendida a la luz de un hecho clave: la expectativa de vida está aumentando. Vamos a vivir más años y, como sociedad, vamos a ser cada vez más personas mayores. Esto no es solo un dato estadístico; es una transformación estructural de la pirámide poblacional. ¿Y qué implica eso? Que los sistemas pensionales fueron diseñados para una realidad demográfica distinta.
Si vivimos más tiempo, el periodo de jubilación es más largo, y eso tiene un impacto directo en la sostenibilidad de esos sistemas y, por supuesto, en nuestras finanzas personales. Por eso, más allá de confiar únicamente en un sistema pensional que está regulado por actores externos y que no controlamos directamente, es fundamental asumir una responsabilidad individual: ahorrar y planear con anticipación. Es entender que la jubilación no es un momento lejano y abstracto, sino una etapa larga de la vida que también requiere recursos, autonomía y estabilidad.

SANTIAGO REYES: Un concepto clave es entender que el valor no es una propiedad de las cosas, sino una construcción sostenida sobre incertidumbre. Invertir no es comprar certezas, sino narrativas convincentes sobre el futuro. El problema es que muchas de esas narrativas se presentan como inevitables. Entender esto implica preguntar siempre: ¿qué tan real es este valor y quién necesita que yo crea en él para que funcione?

JORGE BANDERA: Considero que hay dos conceptos financieros fundamentales que todas las personas deberíamos aplicar, independientemente de nuestra carrera. El primero, es no gastar más de lo que ganamos. Aunque suene básico, es un principio que marca la diferencia entre tener estabilidad financiera o vivir constantemente en déficit. Entender nuestros ingresos reales y ajustar nuestros gastos a esa realidad es una práctica esencial, tanto en la vida personal como en la profesional.
El segundo concepto es darle valor a lo que hacemos. La idea de trabajar gratis “para hacer portafolio” debería replantearse. Nuestro tiempo, conocimiento y talento tienen un valor, y reconocerlo es el primer paso para que otros también lo reconozcan. Siempre debería existir algún tipo de remuneración o retribución justa por el trabajo que realizamos. Valorar nuestro trabajo no es solo un tema económico, sino también profesional y ético.

VALENTINA OSORIO: Mi respuesta corta es que, si es demasiado bueno para ser cierto, usualmente no lo es; la larga es que, para mí, lo más importante es tener muy claras las prioridades personales y financieras antes de cualquier decisión. Entender qué quiero lograr, en qué orden y bajo qué horizonte de tiempo me permite definir una estrategia interna coherente. Esa claridad evita decisiones impulsivas y hace que cada acción financiera tenga un propósito concreto.

MARGARITA ECHAVARRÍA: El concepto financiero que creo que todos deberíamos entender es el interés compuesto. Comprenderlo me ayudó a pensar cómo se genera valor a través del tiempo, no solo monetario, sino también en otros aspectos de la vida como las amistades, las relaciones, los proyectos y hasta la salud. Todo funciona bajo este principio: al comienzo parece que no ahorras, inviertes o haces mucho; incluso, algunas veces no recibes rentabilidad, pero con el tiempo surge un crecimiento exponencial. Es un concepto que sirve para invertir el dinero y para invertir el tiempo, que, en últimas, es el recurso más valioso. Incluso el aprendizaje funciona así: al principio parece que no avanzas mucho y no hace falta hacer más; solo toca seguir con constancia para, un día, celebrar los frutos del crecimiento exponencial.
¿Qué se debe tener en cuenta para cobrar como diseñador?
SANTIAGO DE FRANCISO: Se debe tener en cuenta el saber presentar y exponer las ventajas de contratarlo a uno como diseñador. Los diseñadores de Uniandes son capaces de llevar un proyecto de principio a fin: desde la investigación inicial hasta la implementación final. Luego, hay que estar dispuesto a negociar. En la negociación está el secreto de saber cobrar.

JULIANA GÓMEZ: Si tuviera que simplificarlo a dos variables clave, diría que son experiencia y tiempo. Primero, la experiencia. No vale lo mismo la hora de alguien que está empezando que la de alguien que ya ha resuelto decenas de proyectos similares, que sabe anticiparse a errores, que toma decisiones con criterio y que reduce la incertidumbre del cliente. Esa experiencia no solo es conocimiento técnico: es capacidad estratégica, velocidad mental y calidad en la toma de decisiones.
Segundo, el tiempo que tomará desarrollar el encargo. Pero aquí está el punto importante: a mayor experiencia, muchas veces menos tiempo necesitamos. Por eso, si solo cobramos por horas hombre, podemos estar castigándonos a nosotros mismos. Entre más expertos somos, más eficientes nos volvemos… y paradójicamente menos facturamos si solo pensamos en tiempo bruto. Lo que funciona mejor es combinar ambas variables: Definir cuánto vale tu hora según tu nivel de expertise. Estimar cuántas horas reales tomará el proyecto, entendiendo que tu experiencia influye en esa estimación.
Y esto aplica tanto para trabajos individuales como para proyectos en equipo, donde además hay que considerar cuántas personas estarán involucradas, qué nivel de seniority tiene cada una y cómo se distribuye la carga. Por supuesto, hay otras variables que deben entrar en la ecuación: materiales, viajes, licencias, rondas de ajustes, posibles reprocesos, gestión del cliente, administración, impuestos, margen de utilidad…
“Pero si tuviera que quedarme con la base estructural para cobrar como diseñador, sería esta: tu experiencia determina el valor, y el tiempo determina el alcance.” -Juliana Gómez
SANTIAGO REYES: Cobrar como diseñador implica entender que todo proyecto parte de un estado de incertidumbre, es decir, de alta entropía: múltiples posibilidades, desorden y falta de dirección clara. El trabajo del diseño consiste en reducir esa entropía, organizando información, tomando decisiones y dando forma a algo legible y funcional. Por eso, no se cobra solo un resultado final, sino la capacidad de transformar el caos en estructura. El valor está en hacer manejable lo incierto.
VALENTINA OSORIO: Es clave entender todos los costos asociados a un proyecto: el tiempo invertido, la formación, la experiencia y la capacidad de resolución que se pone en juego. El tiempo tiene valor y muchas veces no se reconoce lo suficiente. Cobrar bien implica saber traducir ese valor en una propuesta clara y honesta sobre lo que se entrega y lo que lo hace posible.
JORGE BANDERA: Este es un tema complejo porque no existe una regla única ni una fórmula universal para cobrar; la manera de hacerlo dependerá de múltiples factores como la experiencia, la formación, la posición en el mercado, el tipo de cliente, el alcance del proyecto y el grado de dificultad, entre otros. Sin embargo, hay aspectos fundamentales que siempre deben considerarse. Es indispensable tener claridad sobre los gastos operativos —arriendo, servicios, software, equipos, coworking u oficina, internet, impuestos—, ya que estos costos base deben estar cubiertos por los proyectos.

También es necesario calcular el tiempo real que implicará el desarrollo del trabajo, incluir materiales, proveedores o recursos adicionales que se requieran y contemplar un 10% o 15% adicional para imprevistos que puedan surgir durante el proceso. Asimismo, resulta clave construir criterios propios para presupuestar; en lo personal, el libro Cómo presupuestar diseño de Jorge Piazza fue una guía valiosa cuando estaba empezando, porque sentó bases claras para estructurar y justificar los costos de un proyecto. Más allá de la cifra final, cobrar bien también implica comunicar con claridad el alcance del proyecto, los entregables y las condiciones de trabajo, ya que la transparencia no solo evita conflictos, sino que profesionaliza el ejercicio del diseño.
MARGARITA ECHAVARRÍA: Para cobrar como diseñador, se debe tener en cuenta el tiempo que se invierte, pero también lo que se aporta a un proyecto o empresa: las ideas, el conocimiento y la habilidad para comprender el contexto y a los usuarios, entre otros factores. Se deben considerar ambas variables, ya que, en ocasiones, un proyecto puede tomar poco tiempo, pero aportar mucho; una sola idea puede transformar por completo un entorno. Por ejemplo, un entendimiento profundo de los usuarios podría llegar a aumentar significativamente las utilidades de una empresa. Como diseñador, es fundamental saber qué estoy ofreciendo para poder cobrar: ofrezco mi tiempo, pero también mis habilidades y una manera particular de pensar.
¿Cómo se puede agregar valor a través del diseño?
SANTIAGO DE FRANCISO: Existen muchas maneras de agregar valor a través del diseño, pero la más importante es ser un articulador y traductor de conocimientos. Nosotros, los diseñadores, contamos con habilidades que nos permiten pasar de lo concreto a lo abstracto y de lo intangible a lo tangible, de manera muy natural. Esas habilidades nos permiten ser más abiertos a la incertidumbre y al fracaso, nos arriesgamos a probar cosas nuevas y estamos en constante aprendizaje y reflexión de lo que hacemos.
JULIANA GÓMEZ: El diseño agrega valor cuando se deja de ver las cosas de manera aislada y se empieza a entenderlas como parte de un sistema. Es decir, cuando comprendemos que intervenir “un pedazo” un punto de contacto, una interfaz, un producto, una experiencia puntual nunca afecta solo ese fragmento, sino que tiene repercusiones en un contexto más amplio. El diseño piensa de manera sistémica. Entiende que todo está conectado: usuarios, procesos, cultura organizacional, modelo de negocio, tecnología, comunicación, percepción de marca. Cuando movemos una ficha, se mueven otras. Y ahí está el valor. A veces parece que estamos ajustando algo pequeño: un flujo digital, una interacción, una narrativa, un objeto, pero esa intervención puede mejorar la experiencia completa, optimizar recursos, fortalecer la relación con el usuario o incluso transformar la manera en que una organización opera. Es un efecto acumulativo, casi como una bola de nieve: una decisión bien diseñada puede amplificarse en el sistema. El valor está en esa mirada integral que conecta lo micro con lo macro, lo táctico con lo estratégico.
SANTIAGO REYES: Más que “agregar valor”, el diseño pone en evidencia cómo se construye eso que llamamos valor. Todo proyecto parte de incertidumbre —alta entropía— y el diseño la organiza, la encuadra, la amaña, la vuelve legible. Pero esa reducción no es neutral: decide qué importa y qué no. Diseñar no solo produce valor, también lo define, lo distribuye, lo cuestiona y le resta valor a otras. A veces, su potencia está en mostrar que el valor nunca fue tan estable como parecía.
VALENTINA OSORIO: El diseño agrega un valor significativo porque hace parte de los intangibles, que, según el EPIC Report, representan valor futuro más que valor presente. Ese valor no siempre es evidente de inmediato; por eso es importante saber diseñar buenos indicadores que permitan medir su impacto a lo largo del tiempo. En esencia, el diseño construye potencial y orienta el rumbo de lo que una organización puede llegar a ser.
JORGE BANDERA: Si partimos de una definición básica, el diseño es una manera de identificar y dar solución a un problema. Desde esa perspectiva, el valor está implícito: resolver problemas genera impacto.
“Sin embargo, creo que el verdadero diferencial está en la mirada transdisciplinar.” -Jorge Bandera
En el contexto de Los Andes, por ejemplo, la posibilidad de navegar otros campos del conocimiento a través de electivas, dobles programas o cursos complementarios enriquece enormemente la práctica del diseño. Esta integración de saberes permite desarrollar propuestas más estratégicas, con mayor profundidad y relevancia.
El diseño agrega valor cuando no solo se enfoca en lo estético, sino cuando entiende el contexto, el usuario, la viabilidad y el impacto. Cuando logra articular estrategia, creatividad y ejecución, se convierte en una herramienta poderosa de transformación.
MARGARITA ECHAVARRÍA: El diseño aporta valor desde muchas áreas, definiendo y entendiendo los contextos y los territorios, articulando procesos y comprendiendo a las personas en las que se desarrollan las empresas, las industrias, las instituciones y los colectivos humanos (en ocasiones, incluso los no humanos).
Pero, además, el diseño aporta una mirada estética sobre la vida: crea y facilita expresiones culturales, poéticas y filosóficas que detonan nuevos imaginarios, fomentan reflexiones y nos conectan con el mundo tangible, sensorial y sensual, ayudándonos a comprender mejor nuestra condición de seres humanos y colectivos.
Charlas de Diseño en Moneycon
- Santiago De Francisco: Mitos sobre la creatividad y la innovación
- Juliana Gomez: ¿Vivir hasta los 120? Las oportunidades que trae una vida más larga
- Santiago Reyes: El arte de vender huecos
- Valentina Osorio Mojica: ¿Cómo medir proyectos de innovación?
- Jorge bandera, Víctor Gómez, Daniel Shambo, Valentina Giraldo: El arte de cobrar: ¿cómo valorar y vender el trabajo creativo?
- Margarita Echavarría Quinchia y Sebastián Londoño Delgado: Práctica con arcilla: Cómo moldear la claridad en tiempos de incertidumbre
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