Alejandro Barragán Ardila
Laura Arango, estudiante de último semestre del programa de Diseño de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad de los Andes, es la creadora de Walking Trees, un proyecto de conservación comunitaria que actualmente sigue evolucionando. El trabajo se desarrolla junto a pescadores y familias de Punta Seca, en el Golfo de Morrosquillo (Caribe colombiano), y explora cómo la pérdida del manglar afecta la pesca artesanal y la vida diaria. A partir de esa investigación, Walking Trees avanza hoy con alianzas locales, siembras de mangle y talleres ambientales con los niños y otros actores de la comunidad.
De dónde viene el interés por el territorio
Antes de llegar al Caribe, Laura Arango ya tenía una relación cercana con la naturaleza. En su familia han trabajado durante años en la reforestación de un terreno en Subachoque, recuperando una zona que antes era un cultivo de papa. Esa experiencia, sumada a su interés por lo manual y por “estar afuera”, marcó su forma de entender el diseño: como una práctica conectada con el contexto y con lo que ocurre en el territorio.
Un proyecto que empieza escuchando
El punto de partida fue un programa internacional de pasantías promovido por National Geographic y The Nature Conservancy (TNC), enfocado en conservación marina. Laura Arango aplicó más de una vez y, cuando fue aceptada, decidió no investigar solo desde Bogotá. Viajó a Punta Seca para hacer una investigación situada: conversar con la comunidad, conocer el mangle junto a pescadores y otros habitantes, observar, entrevistar y documentar lo que estaba pasando en el ecosistema. Ese trabajo se centró en entender qué cambios percibe la gente (sequías más largas, pérdida del mangle y menos peces) y cómo se conectan entre sí.
Walking trees, nombre del proyecto, nació en un recorrido por el manglar. Un pescador le dijo a Laura que “el manglar es un árbol que camina”, señalando las raíces aéreas como “piecitos”. Esa imagen se quedó como idea central y dio título a Walking Trees (en inglés, porque así lo requería el programa de subvenciones al que aplicó). Más allá del nombre, la frase funciona como una puerta de entrada sencilla para hablar de un ecosistema complejo sin tecnicismos.
El manglar y la pesca artesanal: una relación directa
En Punta Seca, el manglar no es un paisaje de fondo. Es parte del sistema que sostiene la pesca y protege la costa. En los recorridos, pescadores como Abel Rodríguez explicaron que muchas especies dejan sus huevos en el manglar y que, cuando ese hábitat se reduce, la pesca cambia: hay menos peces, son más pequeños y, a menudo, toca ir más mar adentro. Esta lectura local ayuda a ver el problema como un conjunto: ecosistema, economía familiar y clima están conectados.
Del documental a la acción: financiación y siguientes pasos
Tras la etapa inicial, algunos proyectos del programa fueron seleccionados para presentarse ante profesionales de National Geographic y The Nature Conservancy. Walking Trees quedó entre los elegidos y recibió un apoyo inicial de 2.000 USD para continuar con acciones de conservación comunitaria. Con ese paso apareció una pregunta clave: cómo usar recursos sin caer en intervenciones rápidas que se agotan en una visita y una foto, y cómo construir continuidad con actores que permanecen en el territorio.
Para darle continuidad, Laura priorizó trabajar con organizaciones del territorio. Su primer punto de llegada fue Beatriz, quien la recibió y facilitó el contacto inicial con la comunidad. Más adelante, el proyecto se articuló con la Corporación Mariamulata, una iniciativa comunitaria fundada en 2002 en Rincón del Mar (municipio de San Onofre, Sucre). La corporación trabaja por la salvaguarda de la cultura afrodescendiente y desarrolla procesos de formación, investigación y divulgación con niñas, niños y jóvenes.
Un puente con la infancia: talleres y Festival Infantil
Esta alianza conecta Walking Trees con procesos que ya tienen presencia constante en la zona. Uno de ellos es el Festival Infantil de Literatura de Rincón del Mar, un evento bianual que nació desde la biblioteca y promueve lectura, escritura y creación con la niñez del municipio. La Corporación Mariamulata destaca que, hasta 2022, el festival había llegado a más de 5.000 niñas y niños y había reunido a decenas de artistas y escritores en el territorio.
En 2024, por ejemplo, el VI Festival (12 al 17 de agosto) reportó 58 talleres y un alcance total cercano a 1.908 personas entre beneficiarios directos y asistentes a espectáculos y veladas culturales. En ese tipo de espacios, Laura Arango busca sumar talleres ambientales que conecten mar, mangle y vida cotidiana con actividades cercanas para la infancia.
El aporte desde el diseño a la conservación
En el relato de Laura, el diseño aporta dos cosas muy concretas. La primera es una manera de mirar: entender que los problemas ambientales son complejos y no se resuelven con una sola acción aislada. La segunda es una forma de trabajar: aproximarse con respeto, leer el contexto antes de proponer y traducir información técnica en historias comprensibles para más personas.
Esa traducción importa porque la conservación necesita más gente implicada. En ese punto, la narrativa visual (fotografía, mapas y edición) ayuda a que lo que pasa en Punta Seca no se quede solo en informes: se convierta en una historia que se puede recorrer, compartir y discutir.
Una historia que también se puede explorar en mapa
El proyecto tiene una versión interactiva en ArcGIS StoryMaps, titulada “Walking Trees: Coastal resilience in Punta Seca, Colombia”. Allí se integran mapas, texto y registro visual del territorio. Es una forma de navegar la investigación con calma, volver a los lugares y ver cómo se conectan costa, manglar y comunidad. Puedes verla aquí: Walking Trees.