Domos para la paz

Un proyecto con impacto nacional liderado por Nicolás Sabogal

Catalina Villabona Triana

ArqDis ¿Quién es Nicolás Sabogal?  

Nicolás Sabogal: Soy un arquitecto bogotano egresado de la Universidad de los Andes que cree que los espacios arquitectónicos de calidad ofrecen una mejor vida y garantizan el libre desarrollo personal.

Nicolás Sabogal, Arquitecto

Arqdis: Como estudiante de arquitectura te interesaste por conocer materiales cómo la guadua y la madera ¿por qué estos materiales? 

N.S: En el pregrado, entre sexto y octavo semestre, los estudiantes debíamos tomar varios proyectos que fueran de nuestro interés. En ese momento estaba interesado en inscribirme en la Unidad de Vivienda, pero por cosas de la vida termine en la de Sostenibilidad. Esta la lideraban los profesores: Fernando de la Carrera, Mauricio Pinilla, Enrique Ramírez, y María Elisa Navarro.

Durante ese semestre aprendí de procesos arquitectónicos, del ciclo de vida de los proyectos y a medir la huella de carbono producida por los materiales de construcción. Después de este taller, materiales como la guadua y la madera (los más recurrentes en Colombia) se convirtieron en mi obsesión, a tal punto que me inscribí en el curso de construcción Madera y guadua dictado por el arquitecto Jorge Lozano en la Universidad Nacional de Colombia.

Durante el curso conocí muchos arquitectos que trabajaban en campo estos materiales, también visité proyectos emblemáticos de arquitectos famosos y de arquitectos sin título localizados en la mayoría de las ciudades, pueblos o caseríos del país. Como resultado de esta experiencia decidí profundizar en estos materiales, sus usos y posibles aplicaciones.

Arqdis: En tu experiencia profesional, la gestión de proyectos, la innovación social y la experimentación material han marcado tu manera de actuar como arquitecto. ¿Qué te apasiona de estos temas? 

N.S: Es difícil decidir cuál de estos temas me apasiona más. La exploración del material es tan interesante como aprender de su impacto cultural. Sin embargo, creo que la base para concebir todo proyecto arquitectónico es la gestión estratégica de proyectos.

Puede que una idea de proyecto sea innovadora, atractiva visualmente, incluso eficiente en todos sus sistemas, pero esto no significa que sea un proyecto exitoso.

Puede que una idea de proyecto sea innovadora, atractiva visualmente, incluso eficiente en todos sus sistemas, pero esto no significa que sea un proyecto exitoso. Por el contrario, un proyecto es exitoso cuando deja de ser una idea y se convierte en un espacio construido que invita al ser humano a que lo recorra, lo explore, interactuar con el y lo apropie como parte de su entorno.

Gestionar un proyecto de arquitectura requiere del conocimiento y relacionamiento con múltiples agentes. Es deber del arquitecto escuchar, proponer, analizar y tomar una decisión frente a cada aspecto que se presente. De esta manera, la comunicación fluye al igual que el compromiso profesional de todos. No es una tarea fácil, pero los resultados en el momento de culminar el proyecto quedan para siempre en la vida de las personas que hicieron parte de él, de los usuarios nuevos y del arquitecto que actúa como pivote que posibilita su desarrollo. Es una tarea muy apasionante.

Proceso

Arqdis: Sabemos que tuviste la oportunidad de liderar un proyecto que te permitió conocer comunidades de distintas regiones del país, “Domos para la paz”. ¿De qué se trató?  

N.S: “Domos para la Paz “es un proyecto de la OIM (Organización Internacional para las Migraciones) desarrollado con el apoyo de USAID (Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional) e implementado por el estudio de innovación social Creatura. Este busca prevenir el reclutamiento de niños, niñas, jóvenes y adolescentes en zonas que han sido o son afectadas por el conflicto armado del país, por medio de la creación de espacios protectores. Con el auge de las estructuras geodésicas se propuso la construcción de un Domo con materiales locales que posibilitara el desarrollo de actividades por parte de niños, niñas, jóvenes, y adolescentes. Jardìn de Peñas – Meta; Vereda de San Isidro – Anorí, Antioquia; Barrio Belèn – Quibdò, Chocò; Uniòn Peneya – Montañita, Caquetà; y Vereda La Selva – Caloto, Cauca fueron los lugares seleccionados para la implementación de este proyecto.

Quibdó, Chocó
Caloto, Cauca
Anorí, Antioquia

Arqdis: ¿Podrías describir el modelo de gestión que propusiste para poder desarrollar este proyecto? 

N.S: Para cada domo plantee un modelo de gestión que se acoplaba a la situación política, económica y social de cada comunidad. En otras palabras, no fue posible establecer una única estrategia para poder abordar todos los proyectos. La única ruta constante fue presentarse ante la comunidad, comunicar el proyecto y trabajar con los recursos que se gestionaran.

Bajo este contexto, lo enlaces territoriales de la OIM tuvieron un papel fundamental: socializar el proyecto con líderes sociales o representantes locales. En estas sesiones se planteaban preguntas a las comunidades con el fin de identificar el mejor lugar de implantación para cada domo. Sin embargo, estas locaciones (determinadas desde Bogotá) cambiaron al conocer el lugar.

Como parte del modelo de gestión propuse hacer una visita a cada comunidad con dos objetivos. El primero, reconocer el territorio para escoger el mejor lugar de implantación posible que se adaptara al urbanismo existente y al presupuesto. El segundo, presentarme, conocer a la comunidad, estrechar lazos con las organizaciones existentes y establecer posibles vínculos de ayuda. Para lograr una buena empatía diseñé estrategias de juegos, actividades en torno al proyecto con niños, niñas y adultos. De esta manera, personas que por lo general eran indiferentes ante promesas de proyectos nuevos, expresaron sus preocupaciones. Esto fomentó la aceptación del domo y marcó un buen inicio en la relación proyecto – habitante.

Para lograr una buena empatía, diseñé estrategias de juegos, actividades en torno al proyecto con niños, niñas y adultos. De esta manera, personas que por lo general eran indiferentes ante promesas de proyectos nuevos, expresaron sus preocupaciones. Esto fomentó la aceptación del domo y marcó un buen inicio en la relación proyecto – habitante.

Una vez fue diseñado el proyecto general acudí al GIMG (Grupo de Investigación en Madera y Guadua) quienes aportaron sus instalaciones, conocimiento y energía para el desarrollo del proyecto. De igual modo, muchos voluntarios amigos ofrecieron su ayuda. Este momento fue importante porque aprendí a manejar el sistema constructivo, a enseñarlo fácilmente a las personas y establecer un modelo de intercambio en donde yo compartía mi conocimiento a cambio de ayuda. Este principio fue clave para gestionar mano de obra, materiales, incluso herramienta en algunas ocasiones. Las ganancias no eran tangibles, pero el conocimiento nuevo y los lazos creados dentro de las comunidades se convirtieron en el valor agregado del proceso.

Durante la construcción visité las entidades y organizaciones mas sobresalientes del territorio. Algunas de ellas fueron: El Ejercito Nacional de Colombia, Alcaldías Locales, La Red de Mujeres Víctimas Profesionales, Empresas, Colegios e Instituciones Educativas, Instituciones Religiosas, entre otros. Los acercamientos con estas consistían en contarles del proyecto a realizar y encontrar algún punto de interés común para que contribuyeran de alguna manera, física o económica.

Arqdis: Tu punto inicial de contacto con las comunidades fueron los niños ¿Por qué ellos?

N.S: La población principal de este proyecto eran los niños, niñas, jóvenes y adolescentes. Esto significaba que era imperativo lograr una excelente apropiación del espacio para que el domo se convierta en un hito cultural dentro de las juventudes presentes y venideras.

Todas las comunidades con las que se trabajó han sido y son afectadas por la violencia del país por varios años. Con esta experiencia pude notar que los caminos de vida que tienen los jóvenes en estos territorios se limitan a ser parte del ejército, o ser parte de grupos armados al margen de la ley. Las dos opciones, tienen en común la violencia, independientemente de ideologías o creencias.

Talleres con niños del Barrio Belén en Quibdó, Chocó.
Talleres con niños de la comunidad en Anorí, Antioquia.

Este proyecto es una forma de mostrarles a los niños y niñas que existen otros caminos para desarrollar sus vidas alejados del conflicto armado. “Domos para la paz” es un espacio para el libre desarrollo personal de todos. Puede que muchas personas lo vean como un espacio convencional, pero el desarrollo social y el impacto cultural del proyecto en las personas que hicieron parte del proceso, representan la oportunidad para que, en el momento de decidir escoger la violencia, la respuesta sea NO.

Arqdis: ¿Qué relación hay entre promover innovación social y acercar a los más jóvenes a nociones arquitectónicas? 

N.S: En este caso la arquitectura fue una excusa para tocar temas difíciles en las juventudes: el libre desarrollo personal, espacios protectores y erradicación del camino de la violencia. El trabajo en equipo se convirtió en un espacio de diálogo, de encuentro y de satisfacción comunal. Solucionar algo tan simple como decidir quien sostiene una guadua mientras otra persona la instala, genera comunicación y tejido social.

Exponer mi opinión acerca de un problema, oír el punto de vista de otro y concluir que esta segunda idea era más efectiva y sencilla, era algo recurrente. Por tanto, el domo, era la excusa que posibilitaba un intercambio de conocimientos y experiencias. Esta dinámica me permitía comunicar dos mensajes claros. El primero, el trabajo comunal desarrolla mejores y mayores beneficios para todos. El segundo, es posible materializar y aplicar mis conocimientos en beneficio propio o de mi comunidad. Este último mensaje es para mí el resultado de la innovación social.

Los niños al no tener predisposiciones adoptan fácilmente ideas positivas. Además, están en un momento en el que están conociendo el mundo y explorando qué pueden hacer con sus manos. La arquitectura les ofrece este camino. Si puedo lograr que un niño piense diferente, seguramente, en el futuro ese niño pueda promover un foco de desarrollo en el país, alejado del conflicto armado.

El trabajo en equipo se convirtió en un espacio de diálogo, de encuentro y de satisfacción comunal. Solucionar algo tan simple como decidir quien sostiene una guadua mientras otra persona la instala, genera comunicación y tejido social.

Arqdis: Hay un concepto sugerente en el proyecto “entornos protectores” ¿podrías ahondar más en él? 

N.S: Entornos protectores hace referencia los espacios que velan por la seguridad de los niños. Son escenarios en los que niños, niñas, jóvenes y adolescentes pueden participar, expresarse y desarrollarse libremente. Los “Domos para la paz”nacen de la necesidad de tener espacios de protección. El espacio pretende posibilitar el desarrollo de actividades artísticas, deportivas, científicas, entre otras y convertirse en un lugar en donde los niños pueden estar y en donde pueden SER.

Arqdis: Otro punto importante fue el sistema constructivo que planteas ¿Cuál es su valor? ¿Qué variables fueron clave para su concreción?  

N.S: El sistema constructivo del domo fue un reto muy emocionante porque no contábamos con andamios, herramienta especializada, permisos para trabajo en altura, entre otras. El diseño del proyecto no fue lo más importante porque de hecho existen aplicaciones que hacen el despiece de la madera o de la estructura metálica. No obstante, se hizo un trabajo detallado en el desarrollo de las uniones metálicas que reciben cinco o seis guaduas y conservan el ángulo de curvatura de la esfera. Entender la geometría requirió la elaboración de varias maquetas que además funcionaron como pruebas del sistema constructivo. El sistema era sencillo, empezar a armar la estructura de abajo hacia arriba como en cualquier construcción convencional. Usar andamios en el momento que se gana altura.

En paralelo diseñé actividad para explicar a los niños ¿Qué es un domo? Imaginé que cada niño hacia su propio domo a escala con palillos y con plastilina para simular las uniones. La primera versión del taller la hice en mi casa, para hacer un “paso a paso” y hacer la guía de la actividad. El resultado fue un desastre. En mi vida de estudiante y profesional siempre me ha gustado hacer maquetas, pero ésta me estaba ganando la batalla. Cambié el orden de unión de las piezas varias veces pasando por conformar primero los pentágonos, luego uniéndolos uno a uno, pero siempre había un problema logístico. Cada dedo de mi mano era análogamente una persona que estaba teniendo una guadua en la vida real, así que, si la movía demasiado hacia un lado, los demás pentágonos se caían fácilmente. Las opciones en ese momento se acabaron y el momento de hacer las visitas de reconocimiento llegaron.

Luego de tanto trabajo pasó algo muy bonito. Durante una de las sesiones con los niños me di cuenta que algunos de ellos jugaban con los palillos y la plastilina que les sobraba de la actividad. Unos hacían casas de muñecos, canchas de futbol, otros volvían hacer el domo, pero comenzaban a armarlo de arriba para abajo, puesto que el pentágono de remate es el único que no se descuadra: “Así no se nos caen las bolitas seño”, me dijeron. Encontraron una solución a un problema que yo no había podido resolver ni con maquetas, ni con dibujos. El sistema de armado del domo era muy simple. Comenzar de arriba hacia abajo. Armar poco a poco triángulos para estabilizar la estructura y conformar anillos que anulaban el esfuerzo de las guaduas que querían abrirse.

El conocimiento local era muy impresionante porque son comunidades que conocen el material desde la niñez. Por ejemplo, uno de los voluntarios en el domo del Cauca me dijo: “la guadua está al revés” y me explicó que las guaduas debían ser instaladas en el mismo sentido en que crecen, porque así es como funciona la naturaleza.

Con este descubrimiento pude entender aún más el sistema y enseñarles a las personas como funcionaban los esfuerzos de cada elemento estructural a medida que a estructura se levantaba del suelo. El conocimiento local era muy impresionante porque son comunidades que conocen el material desde la niñez. Por ejemplo, uno de los voluntarios en el domo del Cauca me dijo: “la guadua está al revés” y me explicó que las guaduas debían ser instaladas en el mismo sentido en que crecen, porque así es como funciona la naturaleza. Además, corroboró su idea mostrándome los nacimientos de las ramas en la guadua.

Todos compartíamos ideas y creábamos conocimiento que aplicábamos en el domo. De tal manera que la construcción como actividad funcionó como la mejor oportunidad para apropiarse del proyecto.

Proceso constructivo
Proceso constructivo

Arqdis: ¿Qué te dejó el desarrollo de este proyecto? 

N.S: Muchos recuerdos, emociones y aprendizajes personales y profesionales. Si bien la arquitectura no es la respuesta absoluta a los problemas del mundo, es una facilitadora del libre desarrollo humano. También aprendí que los arquitectos no somos exitosos sin un buen equipo de trabajo, comprometido y que crea en el proyecto. Es clave que desarrollemos y explotemos la capacidad de comunicarnos y coordinarnos con profesiones, entes, u otros organismos afines al proyecto. Asimismo, el estudio y aplicación de los recursos locales es una oportunidad para innovar en el país por medio de generación de conocimiento.

Arqdis: ¿Qué de tu formación como arquitecto crees que fue clave en el éxito de tu proceso laboral? 

N.S: Recuerdo con mucho cariño unas clases con Camilo Salazar, Juana Leal, y Juan Pablo Aschner en donde aprendí de acciones urbanas y desarrollé la capacidad de ver oportunidades en espacios que parecen obsoletos o perdidos. También los consejos y algunos regaños de Marc Jané y Fernando de la Carrera que me impulsaban a culminar los trabajos de la mejor manera posible. El pensum no es realmente lo que más me ha servido, pero si las actividades que me permitieron desarrollar destrezas para hacer trabajos en grupo y el compromiso con la sociedad que adquirí en el momento de pisar la universidad.

Arqdis: Recomiéndanos un libro, una película y una cuenta de Instagram. 

N.S: Recomiendo mucho leer la saga “Los Pilares de la Tierra” de Ken Follet. Narra pasionalmente varias historias en torno a la construcción de una catedral. No es un libro para arquitectos, ni mucho menos, pero permite ver la naturaleza humana y los resultados del trabajo comunitario. Me gusta el libro del director Daniel Barenboim: “El sonido es vida: El poder de la música”pues muestra la experiencia de tener en una orquesta constituida por seres humanos con fuertes diferencias políticas y religiosas que proponen salidas equitativas para conflictos complejos. Por último, el libro “De río en río” del escritor Alfredo Molano Bravo. Es un abrebocas a la riqueza del Pacífico Colombiano para quienes no tenemos mucha relación con esta zona misteriosa de nuestro país. Este permite entender la situación social actual que sufre la naturaleza y los asesinatos a los líderes sociales.

Arqdis: Para terminar, ¿Qué le dirías a una persona que está interesada en estudiar arquitectura en la Universidad de los Andes?

N.S: Estudiar en la Facultad de Arquitectura y Diseño es apostar por construir un camino que busca influir en la vida de las personas de una manera positiva. La mayoría de las profesiones persiguen mejorar la calidad de vida del ser humano, pero estas dos profesiones humanistas se encuentran en el intermedio entre la técnica y el usuario, lo cual abre un universo de posibilidades.  La Universidad de los Andes te acerca a conocer estos dos frentes de la profesión, de tal manera que cada estudiante puede decidir fácilmente el camino para especializarse de acuerdo con sus intereses y experiencias en la carrera. Los talleres de experimentación facilitan al estudiante explotar la creatividad y la libre expresión por medio de proyectos sobresalientes que constantemente son celebrados en Colombia y varios países en el exterior. Además, la calidad humana y profesional de los profesores fomenta la exigencia e interés de construir país.

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