Barro Vivo es una instalación artística que responde al contexto específico de Mompox. Es el resultado de dejarse permear por el entorno, sus historias y las personas que lo habitan.  La búsqueda estética dentro del oficio de hacer ladrillos, tejas y baldosas coloniales de manera artesanal surge del encuentro personal con la Mompox real y la imaginaria. Un encuentro con un oficio sorprendente y con artesanos que están en contacto con el barro todo el día, todos los días, inmersos en una labor que sienta las bases de la conservación de la arquitectura Momposina. Sin estos elementos constructivos necesarios para su restauración, Santa Cruz de Mompox iría perdiendo su carácter.

La obra habita en la sala de entrada de una casona señorial. Evoca el paisaje encantador del asentamiento al lado del río, sus casas que desafían el tiempo, la navegación cotidiana, la comida de la región. Se usa barro crudo y cocido para evocar la tensión entre lo permanente y lo efímero, entre la imaginación y la realidad. La belleza de las ladrilleras está en la tensión entre lo potencial y lo manifestado. Cada teja, cada ladrillo, un Mompox posible.

 

Ficha Técnica

  • Dimensiones 10.43 metros X 6.84 metros
  • 1150 bloques de barro crudo
  • 2100 segmentos de teja de barro crudo
  • Casas, jarrones, canoa y plátano mafufo en cerámica quemada en horno de leña

 

Ladrillos con Alma / El oficio artesanal de hacer bloques de barro

A las afueras de Mompox se encuentran las ladrilleras o los hornos, son talleres tradicionales que trabajan con el barro local para construir bloques, baldosas y tejas coloniales. Su gente es generosa y trabajadora, trabajan al sol, con los pies descalzos inmersos en el barro. Producen miles de unidades, una tras otra, en un movimiento repetitivo y hábil, casi hipnótico para el observador. Ordenan de manera sistemática las unidades, tanto en la hechura, como en el secado y la quema, creando imágenes reticulares de gran formato que cambian cada día, incluso varias veces al día. Trabajan casi en silencio generando una atmósfera zen, están aquí y ahora, en cada acción del cuerpo, en cada unidad de las miles y miles. Si se miran con detalle, cada bloque o teja tiene la marca única de los dedos y el trazo de cada artesano.  Transformar el barro en piezas permanentes requiere una quema a fuego que puede demorar hasta 27 horas. Alimentan el horno con troncos de madera enormes, observan el horno y su comportamiento y al final deshacen medio horno para sacar lo producido, para luego volver a armarlo, y seguir en un ciclo que  va marcando los tiempos y la vida.

 

Agradecimientos:

  • Maestro Artesano Benny José Vanestrale
  • Artesan Friedman Trujillo Ribón
  • Artesano Güider Pianeta Domínguez
  • Artesano Luis Felipe Nieto Caro

Créditos fotografías:

  • Mario Reina
  • Maria Camila Gomez
Ir a Exposiciones