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RESUMEN: Como egresada Cum Laude de la Maestría en Arquitectura, Manuela Convers comparte para esta nota cuál fue el curso que más la marcó como estudiante. Explica el proyecto que realizó, junto con otros estudiantes, para resignificar el Centro Cultural Jorge Eliécer Gaitán de Bogotá y además, cuál es el valor que encuentra en esta maestría.
Durante la primera ceremonia de grados del 2026 de la Escuela de Posgrados de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad de los Andes, Manuela Convers recibió la distinción Cum Laude. A partir de este reconocimiento, quisimos entrevistarla para saber cuál curso en particular marcó positivamente su experiencia y porqué recomendaría estudiar la Maestría en Arquitectura.
Manuela Convers Suarez

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Escoger un solo curso del programa es difícil, pues la maestría en su conjunto transformó profundamente mi manera de practicar y entender la arquitectura; sin embargo, el curso “Integración de Sistemas Técnicos”, dictado por Catalina Mahé y Daniel Huertas, fue especialmente significativo al representar una bocanada de aire fresco dentro de una disciplina y un entorno académico que muchas veces repite de forma acrítica sus modos de pensar y hacer.
“Este curso fue clave para reconciliarme con la disciplina y la academia, al mostrarme que existen múltiples formas de aproximarse a la arquitectura”
En este curso desarrollamos, junto a Julián Ricardo Guio Neira y Julio César Martínez Pacheco, una estrategia para resignificar el Centro Cultural Jorge Eliécer Gaitán, un elefante blanco de la ciudad que permanece abandonado desde su concepción en 1975; a través de un proceso que integró pensamiento y herramientas divergentes (partiendo de la exploración fotográfica del edificio, avanzando mediante pensamiento diagramático y enriqueciéndose con analogías que cruzan referencias aparentemente dispares, como la niebla, el bosque, la cámara oscura o el juego) construimos una aproximación proyectual que se alejó de las soluciones formales convencionales y propone, en cambio, un catalizador capaz de significar mediante la democratización del espacio y la apropiación ambiental, rebautizando el proyecto como “Exploratorio de Memoria Popular de Bogotá”.


La estrategia se estructuró a partir de tres tácticas, el “bosque de niebla”, las “acciones vivas” y un “bosque comunitario”, que buscaron activar el edificio desde lo ambiental, lo social y lo político, reinsertándolo en una red de actores, memorias y prácticas colectivas. Este curso fue clave para reconciliarme con la disciplina y la academia, al mostrarme que existen múltiples formas de aproximarse a la arquitectura desde una perspectiva sistémica y que su capacidad de transformación no reside en el arquitecto como individuo, sino en su articulación con sistemas más amplios de vida, conocimiento y acción colectiva.


Recomendaría estudiar la Maestría en Arquitectura en la Universidad de los Andes porque es una experiencia que expande la forma de pensar de maneras insospechadas. Además de ser un programa sólido, con contenidos potentes y pertinentes frente al contexto nacional y a los problemas apremiantes del presente, se desarrolla en un espacio que reta constantemente las propias certezas y amplía las formas de aproximarse a la disciplina desde una perspectiva crítica. Además, ha sido una puerta importante en el ámbito profesional, abriendo oportunidades y redes que trascienden el aula. Es, sobre todo, una experiencia profundamente enriquecedora para quienes disfrutan aprender y potenciar su curiosidad en un entorno riguroso y exigente, pero al mismo tiempo colaborativo, donde el intercambio entre pares y con profesores expertos en sus áreas se convierte en una parte fundamental del proceso formativo. Por todo esto, recomiendo totalmente esta maestría, que no solo disfruté enormemente, sino que fue clave en mi desarrollo profesional.
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