Universidad de los Andes Facultad de Arquitectura y Diseño

Maestro Carlos Mijares

La Facultad de Arquitectura y Diseño, lamenta el fallecimiento del maestro Carlos Mijares.

“Falleció en la Ciudad de México el día 19 de Marzo el maestro Carlos Mijares Bracho. El Taller Internacional de Arquitectura de Cartagena de la Universidad de los Andes pierde el pilar de apoyo más importante. Desde 1999 con pocas excepciones asistió como profesor y conferencista dándonos a todos los muy afortunados estudiantes y profesores la oportunidad de disfrutar de su sabiduría y sobre todo de su grandeza. Imposible saber si la emoción profunda que generaba, era por ser el arquitecto visionario, culto, reflexivo, riguroso, ordenado, diferente, ó por su personalidad seductora, amable, afectuosa, asertiva, confiable, integra. Sin duda por todo unido en una sola persona inolvidable. Gracias maestro, gracias amigo.
Carlos Mijares Bracho será recordado como uno de los más reconocidos arquitectos mexicanos no solo por sus obras, donde el ladrillo, la luz, la sombra y el orden son los protagonistas, sino por el conocimiento y aprecio que tenía por las técnicas constructivas tradicionales de su México natal. Iglesias como la Parroquia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en Ciudad Hidalgo ó la Christ Church en las Lomas de Chapultepec. Casas familiares como Casa Mijares ó Casa Castillón ó multifamiliares como el Edificio de Diego Becerra en Ciudad de México u obras casi
escultóricas como la del Espacio Lúdico en el conjunto habitacional Baleares en Bogotá. Reflejan su conocimiento y amplio entendimiento de la técnica, de los materiales, del espacio, y de su cariño por el trabajo manual de los constructores de sus proyectos.
Así como las múltiples facetas de sus obras a lo largo de su trabajo como profesional, la vida de Carlos estuvo marcada por variados afectos y aficiones (la tauromaquia y el ajedrez siendo unas de éstas). Pero tal vez sea su faceta como profesor, como un maestro en todo el sentido de la palabra, por la que también debería recordársele. En palabras de él la arquitectura “es ante todo un oficio y como tal exige un aprendizaje que nos permita adquirir la destreza para practicarlo” y es por esto que siendo consecuente con sus palabra se dedicó durante gran parte de su vida a la enseñanza. En sus casi 60 años de magisterio se educaron numerosas generaciones de nuevos arquitectos mexicanos, y casi 2000 arquitectos de diversos países en el Taller de Cartagena, con los compartió tanto sus conocimientos arquitectónicos como sus enseñanzas de vida y su gusto por el buen comer (otro de su amores).

Estas enseñanzas no sólo se limitaron a las aulas de las escuelas de arquitectura de las diversas universidades mexicanas e internacionales en las que impartió su cátedra, sino que se expandieron a todos los que lo conocimos como amigo y colega pues en cada ocasión en la que teníamos el placer y el honor de poder compartir con él nos abría un poco más los ojos a la forma en que veía, sentía y entendía no solo la arquitectura sino la vida misma.
Ejemplo de esto la lección que nos dejó sobre Cartagena y cómo debíamos acercarnos a ella, su arquitectura y sus habitantes. Lección que podríamos adoptar para el diario vivir “La actitud recomendable. Alerta ante la sorpresa y dispuesto al asombro. Pasar de los problemas a los estímulos. Encontrar, describir, ver, leer, dibujar, experimentar, recorrer, pasear, deambular, aceptar, comprender, conocer, reconocer, coincidencias, divergencias, simpatías, antipatías, fantasía, alucinación, asombro, sorpresa…Lo anterior es algo de lo que un viajero puede leer en Cartagena. Algo de lo que un arquitecto puede aprender en Cartagena. Pero la real y verdadera Cartagena son sus habitantes.”
Para mi como director del Taller de Arquitectura, fue un honor que durante 14 años hiciera de Cartagena su segundo hogar. Gracias a él estudiantes de la Universidad de los Andes pudieron aprender lecciones que solo él podía darles. Su voz y la forma de hablar pausada junto con su manera simple pero completa de explicar las cosas (aprendida de tantas experiencias con los trabajadores en sus obras) hacía que los estudiantes se sintieran cercanos a él, como un amigo más.”

Carlos Campuzano Castelló