Universidad de los Andes Facultad de Arquitectura y Diseño

Formalidad e informalidad, espacio público y equidad urbana

Formalidad e informalidad, espacio público y equidad urbana:

Cuatro instituciones de educación superior abrieron un espacio para la discusión e investigación acerca del papel del espacio público en la resolución de conflictos. ¿Por qué conflictos y espacio público? Es innegable que la inequidad social es uno de los mayores problemas que actualmente enfrentan las sociedades a nivel global (Latinoamérica no es una excepción). En consecuencia, vivimos en ciudades cada día más polarizadas, conflictivas y violentas. Además de las inequidades entre países en vías de desarrollo y los desarrollados.
Reconocemos que son muchos los factores que propician esta situación –y hasta la empeoran–, por esto, seleccionamos un factor de gran pertinencia para nuestra disciplina, y lo planteamos así: ¿el espacio público está llamado a cumplir un papel preponderante en la resolución de conflictos sociales en la ciudad?
Conflicto del que no se dialoga permanece y se agrava, y la violencia emerge; por tanto, expresarlo y compartirlo es un primer paso para su resolución. Entonces, nuestra búsqueda se centró en encontrar maneras para que el diseño del espacio público promueva la interacción social y convierta esas tierras de nadie en escenarios de y para todos.
Con este interrogante en mente, se escogió como caso de estudio un lugar representativo de la ciudad de Bogotá actualmente ocupado por el Parque Tercer Milenio. Un parque que no es parque ni es plaza, como muchos estudiantes lo revelaron, este lugar se inscribe en el cuadrilátero fundacional de la ciudad, rodeado de una zona residencial y zonas de recreación, de comercio formal e informal, de gobierno y desgobierno. En fin, una capa más de la historia de la ciudad latinoamericana. Este sector de la ciudad es significativo por su trayectoria y por su reciente historia: se construyó como resultado de un ejercicio de renovación urbana, que demolió tanto el tejido social y espacial preexistentes. Pero no se erradicó de la historia de la ciudad, su huella o cicatriz permanece, como lo indica Francisco Jácome en el prólogo.
Este libro es una documentación del esfuerzo de quienes creemos que la academia es el espacio idóneo para cuestionar, proponer e innovar, para movernos entre realidades y visiones posibles. Esperamos que los ejercicios y reflexiones contenidos aquí sirvan, tanto a nosotros como a otros, para avanzar en el camino correcto: reducir la conflictividad y la violencia urbana.

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